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Crónica de una exposición

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Siempre pasa lo mismo, parece que no se va a llegar a tiempo, que es imposible que el trabajo esté acabado en la fecha señalada, que no falle nada, que resulte interesante, que venga quien tenga que venir y que las críticas vayan a ser buenas. Es una constante que se repite cada vez que se inaugura una exposición y, todavía más, cuando la expo es en Londres, y es necesario transportar todo el material del archivo del estudio, que es muchísimo, en camiones hasta el museo, instalarse en una ciudad que funciona con otros códigos y contar con un equipo de colaboradores que no es el tuyo.

Todo parece difícil, complicado y, en ciertos momentos de cansancio extremo, irrealizable. Pero al final, no se sabe por qué extraña conjunción, todo está acabado, todo funciona, y se encuentra uno cara a cara con el trabajo y las ilusiones cumplidas, aunque a todos los que tienen algo que ver con la exposición les parezca que podría haber sido mejor o distinta, o más grande o más pequeña, o más ordenada, o más caótica, o más atrevida, o más intimista, o más lo que sea.

Y luego llega la presentación en sociedad, los comentarios benévolos o malévolos de los amigos, las caras conocidas, las celebrities, los colegas que han venido desde Barcelona para compartir este momento, los profesionales de las inauguraciones que toman una copa de champagne tras otra, la sopresa de encontrarse con gente que no imaginabas que podrían venir… Y te cruzas con Ron Arad, con el embajador de España en Londres, con Vicente Todolí, director de la Tate Modern, con Oscar Tusquets, Mario Eskenazi, Marta Sentís, Alex Susanna, Jaime Hayón o Jasper Morrison. Con profesionales que tienen un ojo crítico, con periodistas que tienen un espacio donde decir la suya y crear opinión, con clientes que se sorprenden con la ingente cantidad de encargos que se han solucinado a lo largo de tantos y tantos años de dedicarse a esto del diseño, y, sobre todo, con gente anónima que disfruta, que parece por la cara que pone que se lo pasa bien, que le gusta y le interesa lo que ve o que pone cara de sorpresa.

Y, aunque estamos todos muy cansados, es ese momento en que los que por una u otra razón formamos parte del estudio Mariscal sentimos algo que no se puede explicar aquí, por miedo a resultar cursi o autocomplaciente, pero que te ayuda a mirar hacia atrás sin rencor y a atreverse con el futuro, siempre tan incierto. En fin, bien está lo que bien acaba.



Comentarios

Comentario de lara
Hora: 17 Julio 2009, 15:08

Angels……..ahora que ya hemos descansado un poco y cargado pilas me siento con fuerzas de contestar tu texto.
Tienes razón, a veces no sabes cómo (o bueno….te lo imaginas) pero las cosas se acaban y se acaban bien.
Fueron días de mucho esfuerzo, trabajo y pocas horas de sueño. Valió la pena.
Nosotros empezaremos a trabajar en el siguiente proyecto y tú, Angels …..no dejes de escribir.


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